domingo, 20 de noviembre de 2011

Crónica de un domingo escrutador

La cosa estuvo más o menos así. Llego al 5 para las 8 y ya hay una fila, una bandota caótica afuera de la escuela donde se instalará la casilla… por un momento pensé que habría cates, no… sólo hartos ciudadanos muy ganosos de votar. Me presento con la presidenta; está muy en su papel y me lanza la serie de palabras y preguntas secretas para corroborar que si soy yo el escrutador, el baile le digo que no se lo voy a presentar: hay que armar la casilla, eso apremia, que no esté molestando. Es un desmadre tanto cartón. Empieza al show sin contratiempos a las 9.28. Nos rolan una playera marcada con el rol que jugamos en la casilla. Está chida… me gustó pa’ la lucky, mi mascota… al momento no se la he podido probar.

Cosas de interés. El baño que nos abrieron es el de papás, pues estamos en una guardería. La vecina, la secretaria de la casilla, es chidita… zacatecana que ahora reside acá; aguanta las dos o tres bromas mensas que sólo a ella le comento para hacer del día algo tolerable. Como de 12 a 2.40 pm nefastoso. A las 3 me llega un pozole (nomás a mí pues fue un regalo)… trae aguacate y toda la cosa, taba bien bueno. A las cuatro, en otra incursión al baño, veo el reloj pintado en el patio principal del kínder, acá… muy surrealista. Se lo pirateó el rotulista de un Dalí, le quedó chido.

De 4 a 6 mejora el chow, conforme van dando las seis parece que se pondrá bien. Encargo un té porque sé que viene la madriza para mí. Antes, para entretenerme en algo me pongo a hacer estadística rascuacha: índice de participación, el número de votantes en promedio por hora (me salieron 57 votantes por hora; es decir un ciudadano votando cada minuto...el resultado final ya no lo obtuve eso fue como a las 4.00). La secretaria de casilla resulta que se dedica a enseñar estadística en el nivel superior, le digo que pa’ que fregados me dejó de menso haciendo reglas de tres, acá con la X y toda la cosa, pero me divertí bastante.

Escrutar fue una reverenda joda pero la neta me salió re bien. Un escrutinio impecable y certero; por cierto, la tinta pal pulgar derecho apestaba. Saqué dos o tres frases hechas muy buenas pa’ despedir al elector y/o pusiera su dedo en la esfera manchadora. Iba a platicar los resultados, algunos análisis electorales interesantes pero nel, estuvo más bueno el pozole y el rótulo del reloj. ah!! Simón, dos perros callejeros que se metieron a la casilla y los primeros seis chistes del presidente de la casilla contigua.

Lo olvidaba, el debate de Pacquiao estuvo de hueva. Otras cosas más pasaron (buenas, una re interesante y varias nah!!!). Acabamos tarde. Quiero un pozole y unas mandarinas, neta, como los de ese domingo.

fin.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Ausencias y susurrar las diecisiete letras de su nombre.

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, [...], noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé que aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.
Jorge Luis Borges, El Aleph


Esto lo escribo sin la claridad de un pensamiento que haya intentado ordenarse. No hay el orden que se obtendría de un previo planteamiento y trazado de la idea; más bien es un manantial que brotó, una idea que vino hoy por la mañana, un voltear hacia el techo y encontrar, pese a la creencia de que en el techo no hay nada, un recuerdo, un arrojo, un deseo de decir esto.

No recuerdo cuando fue la primera vez que leí El Aleph y su inició que me apasionó. No sé si esa fue la primer sensación que me dejó pero ahora, con el paso de los años y varios regresos a él -que también me fascina y enloquece en cada lectura- descubro que el impacto y admiración a tal inicio viene del reflejo que hizo a un hecho de mi vida; mismo que se viene actualizando, afortunadamente no periódicamente, pero que siempre regresa para corroborarme tal atrocidad y violencia del mundo: la pérdida, el abandono, la separación. No fue, en mi caso, su más atroz enfrentamiento que se da a través de la muerte, es más cotidiano, quizá más vanal, quizá hasta pueril... pero cada vez que ha sucedido el hecho me ha dolido.

En un tenor menos dramático, cómo no querer tal inicio con nombre tan hermoso y, no sé por qué me da esta impresión, aristocrático; aunado a un apellido que me recuerda un lugar de Italia, singular por albergar el jardín y las esculturas que un hombre enamorado habría de construir, Bomarzo.

Regreso al tema. Que los cambios, que la vida no se detenga, que haya momentos, que haya pasos, risas, alegrías, tedios, molestias, dolores entre tantas cosas que ya no puedan ser presenciadas por ese alguien, por una Beatriz a veces resulta abrumador. La cantidad de cambios que se proyectarán hasta el infinito turban, y turba el primero y el segundo y por ahí del número trescientos sigue turbando igual... parece no hay regla ni periódo establecido en el que se sepa que tal sensación mengüe. Si bien, decía, no es necesaria la muerte para una separación y distancia, éstas se viven igual a través de sus otras manifestaciones. Ya no habrá ese diálogo, ese chiste, ese estar al tanto del nuevo libro leído o, más burdo si quieren, del buen desayuno por la mañana, del sueter comprado, de la canción encontrada.. no sé, deben ser miles de pequeños gestos no dados a conocer, no se dará por enterada... cómo frase de oficio burocrático. Puede ser una cartelera de fierro que cambió un anuncio, pero demonios, ya aparece el primero de tantos cambios... que mundo tan irrespetuoso, sigue como si nada, -esto lo pensé con más ahínco hace años, ya muchos años que hasta me cuesta trabajo imaginar que tan profundamente lo viví... deber ser por salud y/o autoconservación-.

La confirmación de la nueva distancia y ausencia obtuvo reflejo de un nuevo cuento que llegó a mí hace unas semanas. Increíble y melancólico. Ocurre en la casa de Luka Celovic, calle Kraljevica Marka, número 1. Así versa el subtítulo del mismo, que importa ahora el título, la precisión espacial, la dirección concreta nos anuncia un hecho concreto, vidas concretas... ya más adelante, en el transcurso del cuento, veremos que se trata de un dolor y una nostalgia de iguales características. El cuento es de Milorad Pavic, escritor serbio que, por cierto, quien me dijo debía leerlo decía que era un Borges de aquellas latitudes. Algo así, quizá esa no fue la frase...la vodka nos distraía.

En el cuento descubrimos a un narrador, yo diría que es un él, quien al hacer una exposición sobre el insomnio y las actividades que emprende en los suyos nos dice con brutal melancolía y fuerza -que es en realidad lo que me interesa- lo siguiente:

"Al entrar en ese edificio en mi memoria susurré como un embrujo en cada una de sus habitaciones una de las diecisiete letras del nombre de JM".
Transcribo esta oración sólo por la fascinación ante esta idea, necesario será decir que él es diseñador de interiores y se imagina decorándole esa casa a ella... pero aquí viene lo importante.

"Durante el tiempo en que pude observar a JM a diario notaba los movimientos de sus brazos y sus manos delicadas, su manera de andar y peinsarse, la postura del cuello y de los hermosos hombros y muslos, [...] los giros del cuerpo, [...] Luego compuse un pequeño "diccionario de movimientos" de JM. Para cada uno de ellos establecí un signo. Fue particularmente difícil crear signos para sus irrepetibles pasos de danza. Siempre bailaba sola, ni siquiera conmigo bailaba jamás, pero esa danza era lo más hermosos en ella. [...] Era como un catálogo de movimientos; como un alfabeto secreto. Para provocar dichas actividades inventaba distintos tipos de muebles, porque cada pieza de menaje preveía otro movimiento de JM: abrir una puerta, sacar un cajón, bajar la tabla del escritorio. Así provisto empecé a amueblar la casa de la manera que mejor satisfaría los gustos y la naturaleza de los movimientos de JM, decidido a invocar de ese modo, al menos en la mente, todas mis reservas de sus actividades, vueltas, entradas, subidas por la escalera y salidas..."

Sigue, páginas después, lo siguiente:

"Yo no emprendía todas estas labores reflexivas sobre la decoración interior de esa casa sólo para apagar mi insomnio. Tenía otra razón más importante: anhelaba invocar a JM para que estuviera en mi vida de nuevo. Aunque fuera de esta manera absurda e insensata, establecía en mi recuerdo todo el repertorio de sus movimientos desde que entraba a la casa hasta que se iba a acostar". (el subrayado es mío).

Abro un paréntesis: mientras esto escribía recordé las veces en que decoré mis hogares como si fuera(n) a estar en ellos. También un par de canciones increíbles, una divertida y la otra profundamente sensible y llena de imágenes intensas. La primera dice "sin tí...la casita está loca de atar" (claro, después de su partida). La segunda dice "no hay rincón en esta casa, que no te haga regresar, cada grano de memoria y la casa es un arenal"... me fascina esta última canción, pero esa es otra historia.

Invocar a ..., JM. Recordar sus movimientos, sus frases, sus gestos, su risa, su mirada, su cansancio, su tedio, su alegría, su euforia, su enojo... es una buena estrategia, es quizá un enfrentar a ese universo cambiante, a ese mundo que al segundo inmediato de la despedida ya está cambiando, ya está anunciando lo poco interesado en dolor de alguien, en el propio. Estaba pensando cuál fue ese primer cambio, no... es esta ocación no me tocó ver algún letrero que haya cambiado.

Así se ponen, en parte y en mucho, las ausencias, las despedidas, el no volverse a encontrar ni ver. Las muertes que sin serlo también lo son. El constante ir y venir, el vaivén de la vida.

Creo que estoy satisfecho. No hay nada más que decir. No me disculparé, como suelo hacerlo, por el atrevimiento de haber escrito. Que bueno que llegó usted hasta aquí, vaya afuera, haga su propio catálogo, recuerde a quien deba recordar y dispense -oh pues, no que no me iba a disculpar- este pequeño texto que aún sin mapa y brújula que lo guiara; en muy buena medida sabe porque nació.

Buenas noches.

jueves, 26 de mayo de 2011

BESO

Con sus labios, [él] toca los de ella. El beso es simple, se parece al pan dulce espolvoreado con azúcar*


*Cómo es ese beso simple como el pan dulce espolvoreado con azúcar.
Es exactamente así.

Goran Petrovic

sábado, 23 de abril de 2011

Es un libro / San Jordi

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No. Es un libro.


Estaba en un gran almacén buscando un regalo para una mujer... una vez cumplido el objetivo me dispuse a merodear por otro y en especial por su área de libros. Pronto descubrí que no estaba ni remotamente interesado en ver libros, a punto de partir atrajo mi atención uno. Completamente sellado, estúpidamente sellado, se encontraba el libro: ¡Es un libro! la portada pintaba bien... llamó mi atención el dibujo de la portada: el chango con su libro y las preguntas de la contraportada.


Es en Sanborns de las Américas, descubro que es uno de los mejores libros infantiles del año 2010 según el New York Times, seguro estará ahí un rato...

Hoy se festeja a San Jorge, Saint Georges, Jordi... en Barcelona y en España, si mal no recuerdo, se regalan libros y una rosa. Hace unos días en la UNAM algo hicieron respecto a tal festividad, hay algunas iniciativas privadas, un afán de kilómetros de libros etc... un libro, una rosa.


San Jordi... bien por tí y tus dragones.


El video está re bueno... !It's a book¡ ¡Es un libro! (edición en español en Sanborns)





Pd. Es posible ver el contenido del libro en youtube

jueves, 10 de marzo de 2011

¡¡¡Brilla Noctiluca!!!

...algo de aquel asombro debió anunciarme que LLEGARÍAS
pues yo desde mis escombros, al igual que el mar,
sentí que FOSFORECÍA
Jorge Drexler


PD. noctiluca: protista dinoflagelado








lunes, 7 de marzo de 2011

¿...y cómo le hacen ellas?

Cómo le hacen para regresar, para saber a dónde van, cómo le hace ella -el ave al centro- que parece solitaria... Yo también estoy convencido pero de repente me asaltan dudas, pequeñitas y sólo un poquito. También voy hacía allá... porque sí, porque ahí quiero estar.


Es la bahía de Mulegé, Baja California Sur, cerca de las seis y media de la mañana... esa noche hubo un catre, un cielo estrellado como cobija y ese amanecer una salida temprano a pescar... cerca, muy cerca está el mar de Cortés... simplemente increíble.


Nomás porque este blog no será de reseñas... mejor subí esta foto

La mano de la buena fortuna


El libro cobró especial significado no sólo por su grandeza sino porque no lo buscaba, simplemente lo encontré a mediados de enero, cerca de un medio día de enero y en una librería silenciosa y con madera.

Del escritor Serbio Goran Petrovic –del cual no sabía nada hasta hace escasos días-, asistimos a una historia llena de magia y que emana de una planteamiento por demás simple y complejo: las maravillas y sorpresas que puede uno obtener al leer; esto a través de varios personajes que leen y que aparecen en la novela y por lo tanto, también nosotros (que en este mundo leemos).

¿Por qué la magia de esta novela? En primer lugar porque asistimos a la increíble experiencia de unos personajes que al leer con atención, realmente concentrados y que se dejan llevar por el libro que leen pueden entrar en él y explorar las cosas no dichas por el autor. En segundo lugar porque si algún otro lector de manera simultánea lee el mismo libro y línea, con toda seguridad se le puede encontrar en ese tiempo, esa realidad. No es una fantasía buscada y tan presuntuosamente anhelada en tantos libros, que desde las primeras líneas intentan plantear una situación “extraordinaria” para conquistar. En él, por el contrario y como ejemplo, presenciamos una imagen bellísima donde un niño –a sus 12 años y tras no conocer el mar- un día leyendo un libro sobre marineros se encuentra en una playa y ni tardo ni perezoso corre hacia el vaivén de las olas, sólo para regresar ante la interrupción de su padrastro quien incrédulo… sólo vería arena de mar esparcida por la casa. El mismo niño de doce años, ya mayor y sabedor de tan magnífico don, decide escribir una novela sin trama, sin personajes, sólo con paisajes y descripciones donde se encuentra a menudo con la mujer de la cual está perdidamente enamorado. (Con imágenes tan sorprendentes he recordado la magia del Coronel Aureliano Buendía, cuando por primera vez conoció el hielo o del Saramago más lúdico de Memorial del convento, en donde nos cuenta de una pareja que junta almas en frascos para alimentar la máquina para volar que tienen en fabricación).

También uno o el lector puede detenerse en las líneas y visitar el lugar descrito, yo he estado en Serbia y en una tienda donde uno puede encontrar productos de los más extraordinarios: La mano de la buena fortuna. La tienda, sólo es mencionada tres veces -me parece- a lo largo de la novela con escuetas descripciones pero con su diversidad de artículos; sin embargo, basta querer visitarla, querer realmente verla y dejar de avanzar en las líneas para conocer sus maravillosas mercancías, su olor, las repisas de madera y el montón de cosas que uno puede ver por sí mismo. También caminé por el barrio de Zvezdara.
Estupefacción y asombro. La próxima vez haré una invitación a la página 256 de aquel libro, quizá a la 86 de aquel otro, en el primer caso se habla de un atardecer y un rio, en el segundo de un arpa que… O escribiré dos cartas para leerlas simultáneamente y encontrarnos en ese lugar descrito.

Misterios, muchos misterios hay en Serbia, en el libro que Anastas S. Branica escribe para compartir con su amada y los personajes de "La mano de la buena fortuna" leen -y también nosotros-, en un corrector de estilo que es conminado a modificar el texto de Branica, en una joven con aroma cariñoso. Esas historias están en la mano de la buena fortuna, sumadas a las que uno emprende según se detenga a visitar Serbia, el jardín que es detallado o los encuentros fortuitos de leer simultáneamente.

Goran Petrovic. La mano de la buena fortuna. Ed. Sexto Piso:Madrid
(Edición por demás cuidada y de hermosa calidad… además de contar en la portada con las siempre desconcertantes ilustraciones de Jis.)