
El libro cobró especial significado no sólo por su grandeza sino porque no lo buscaba, simplemente lo encontré a mediados de enero, cerca de un medio día de enero y en una librería silenciosa y con madera.
Del escritor Serbio Goran Petrovic –del cual no sabía nada hasta hace escasos días-, asistimos a una historia llena de magia y que emana de una planteamiento por demás simple y complejo: las maravillas y sorpresas que puede uno obtener al leer; esto a través de varios personajes que leen y que aparecen en la novela y por lo tanto, también nosotros (que en este mundo leemos).
¿Por qué la magia de esta novela? En primer lugar porque asistimos a la increíble experiencia de unos personajes que al leer con atención, realmente concentrados y que se dejan llevar por el libro que leen pueden entrar en él y explorar las cosas no dichas por el autor. En segundo lugar porque si algún otro lector de manera simultánea lee el mismo libro y línea, con toda seguridad se le puede encontrar en ese tiempo, esa realidad. No es una fantasía buscada y tan presuntuosamente anhelada en tantos libros, que desde las primeras líneas intentan plantear una situación “extraordinaria” para conquistar. En él, por el contrario y como ejemplo, presenciamos una imagen bellísima donde un niño –a sus 12 años y tras no conocer el mar- un día leyendo un libro sobre marineros se encuentra en una playa y ni tardo ni perezoso corre hacia el vaivén de las olas, sólo para regresar ante la interrupción de su padrastro quien incrédulo… sólo vería arena de mar esparcida por la casa. El mismo niño de doce años, ya mayor y sabedor de tan magnífico don, decide escribir una novela sin trama, sin personajes, sólo con paisajes y descripciones donde se encuentra a menudo con la mujer de la cual está perdidamente enamorado. (Con imágenes tan sorprendentes he recordado la magia del Coronel Aureliano Buendía, cuando por primera vez conoció el hielo o del Saramago más lúdico de Memorial del convento, en donde nos cuenta de una pareja que junta almas en frascos para alimentar la máquina para volar que tienen en fabricación).
También uno o el lector puede detenerse en las líneas y visitar el lugar descrito, yo he estado en Serbia y en una tienda donde uno puede encontrar productos de los más extraordinarios: La mano de la buena fortuna. La tienda, sólo es mencionada tres veces -me parece- a lo largo de la novela con escuetas descripciones pero con su diversidad de artículos; sin embargo, basta querer visitarla, querer realmente verla y dejar de avanzar en las líneas para conocer sus maravillosas mercancías, su olor, las repisas de madera y el montón de cosas que uno puede ver por sí mismo. También caminé por el barrio de Zvezdara.
Estupefacción y asombro. La próxima vez haré una invitación a la página 256 de aquel libro, quizá a la 86 de aquel otro, en el primer caso se habla de un atardecer y un rio, en el segundo de un arpa que… O escribiré dos cartas para leerlas simultáneamente y encontrarnos en ese lugar descrito.
Misterios, muchos misterios hay en Serbia, en el libro que Anastas S. Branica escribe para compartir con su amada y los personajes de "La mano de la buena fortuna" leen -y también nosotros-, en un corrector de estilo que es conminado a modificar el texto de Branica, en una joven con aroma cariñoso. Esas historias están en la mano de la buena fortuna, sumadas a las que uno emprende según se detenga a visitar Serbia, el jardín que es detallado o los encuentros fortuitos de leer simultáneamente.
Goran Petrovic. La mano de la buena fortuna. Ed. Sexto Piso:Madrid
(Edición por demás cuidada y de hermosa calidad… además de contar en la portada con las siempre desconcertantes ilustraciones de Jis.)
(Edición por demás cuidada y de hermosa calidad… además de contar en la portada con las siempre desconcertantes ilustraciones de Jis.)

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